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MAS CONVENCIONES
X. Andrade

En Quito, el actual aeropuerto se convertirá en un parque ecológico, el nuevo pulmón al norte de una ciudad cuyo parque automotor –de crecimiento exponencial en los últimos años- la está condenando al asma y la neurosis.  En Guayaquil, la ciudad que tendrá el mayor crecimiento demográfico en el futuro, y la más deficitaria en áreas verdes, la terminal aérea se convertirá en un centro de convenciones.  He ahí una decisión mayor que, una vez más, se ha realizado sin estudio técnico alguno, a espaldas de los contribuyentes, y que tendrá un peso enorme sobre su calidad de vida a largo plazo. 

Es que Guayaquil, concebida como lo es por la actual administración, tiende a convertirse en un polo regional de atracción para inversionistas interesados en fomentar un eje de intercambio económico entre los mercados asiáticos y Sudamérica.  Lamentablemente, es la crudeza de esa óptica comercial la que, al ser privilegiada para proyectos masivos, termina configurando una mancha de expansión urbana que da cuenta de la creciente fragmentación del espacio y la mayor degradación del medio ambiente que espera a esta ciudad. 

Las condiciones geográficas en ambos casos son las mismas.  Tanto el aeropuerto de Quito como el de Guayaquil se hallan, literalmente, en el corazón espacial de sus correspondientes mapas.  No son más el norte, como hasta hace un par de décadas, sino el actual centro de cada ciudad.  Las condiciones ambientales también son equivalentes:  en ambos lugares se requieren, desesperadamente, espacios verdes, dispositivos destinados a oxigenar la ciudad, a brindar oasis visuales y de silencio a los habitantes, y a promover sentidos de ciudadanía basados en la compartición de espacios lúdicos y sanos, eventualmente apropiables por sus usuarios.

La clave para entender decisiones municipales diametralmente opuestas tiene que ver, parcialmente, con el futuro vislumbrado por los funcionarios municipales para cada ciudad.  La primera vota, por lo menos en este caso, por escenarios con nuevos ejes ecológicos, la segunda apuesta a dispositivos principalmente comerciales.  Si el crecimiento demográfico tiende a complejizar la trama urbana, la degradación ambiental, y la evolución del tráfico y la polución, y, si a ello se agregan factores globales como el recalentamiento y la migración proveniente de otras fronteras, sobra saber cual es la decisión más certera.  Si bien el recalentamiento es más acelerado conforme mayor la altitud, es urgente disminuir el impacto perverso de una política ornamental basada en la amplia disposición de inútiles palmeras en una ciudad que será solamente más y más caliente.      

La enseñanza mayor de este contraste, sin embargo, tiene que ver con los mecanismos de participación ciudadana.  En una sociedad donde se entiende a los valores ecológicos como algo fundamental y no como mero accesorio, el resultado será una mejor calidad de la vida ciudadana.  Y, quizás, menos convenciones internacionales que solamente muestren la cara más próspera y ascética, pero también la más ilusoria de nuestras
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